
Hace ya muchos años, en un reino muy lejano, vivía un rey, que tenía una alegre hija.Todos los habitantes del pueblo vivían felices, trabajando la tierra y cuidando del ganado.Un buen día, un anciano entró en las murallas del reino; decía que con su espejo mágico, podía cambiar la vida de las personas. Sólo llevaba un viejo asno que, tiraba de un viejo carro en el que se exhibía un viejo espejo.- ¿Quieres que te cambie la vida? – le dijo a un chico con ropas viejas que pasaba por allí- Si solo pudieras darme algo de comer... – respondió el chico- Ven, mírate en el espejo y dime lo que vesEl muchacho se miró y vio que, en su reflejo, tenía en las manos dos cestas; una con fruta fresca y la otra con ricos embutidos. Extrañado, el chico se miró las manos, y vio sorprendido que, lo que se reflejaba en el espejo, lo tenía realmente en sus manos.- ¡Muchas gracias! – dijo el chico. – Aunque... no sé cómo podré pagarle.El anciano le miró y dijo- Solo con una sonrisa tuya para alegrar mi triste corazónEl chico, le miró, sonrió y se fue tan contento.Al poco tiempo pasó por allí una mujer con el rostro totalmente desfigurado por una enfermedad de pequeña.- ¿Te puedo ayudar, chiquilla?- La mujer se acercó y le dijo- ¿Acaso puedes cambiar mi horrible aspecto?- Yo no, pero mi espejo si. Mírate en él y dime lo que vesLa mujer se miró y vio a una bella mujer que miraba sorprendida al otro lado. Intrigada, se tocó la cara y ... ¡ Todos lo0s surcos y heridas, habían desaparecido!- ¿Pero, cómo es posible?- Te prometí cambiar tu vida y lo he hecho; a cambio sólo te pido una sonrisaLa mujer lo miró, le dio un beso y le sonrió.Así fueron pasando uno tras otro todos los habitantes del reino, bajos que querían ser altos, gordos que querían ser delgados, feos que fueron guapos, pobres que querían ser ricos... . Cuando estaba anocheciendo, se acercó la hija del rey:- Y vos, ¿Qué deseáis princesa?La princesa pensó, “soy rica, pero podría serlo más; también soy guapa, pero hay chicas más guapas que yo; tengo rubios cabellos, pero ¿Y si fueran de oro?”. Miró al anciano y dijo:- Quiero se la mujer más bella, rica del mundo, y quiero que mis cabellos sean de oro.- Eso te costará tres sonrisas – dijo el anciano- Y si lo consigues, te dedicaré hasta una carcajada, o mil, o todas mis sonrisasEn anciano aceptó, la colocó frente al espejo con los ojos cerrados y la pidió que los abriera. La princesa obedeció y vio con sorpresa que era más guapa que antes, tenía dos bolsas cargadas de oro en las manos y un pelo rubio y dorado que la llegaba casi hasta el suelo.Al mirar al lado, vio también que, el anciano se había convertido en un joven apuesto joven. El chico la tomó por la cintura y, aprovechando una sonrisa de la princesa la besó, en un beso que duró varios minutos.Al separar los labios, el joven era aún más apuesto y sonriente; la princesa, en cambio tenía una cara triste que ocultaba su belleza- ¿Qué me has hecho? – preguntó triste- Sólo lo que tú has querido. Mi espejo regala lo que la gente quiere ver y, cada sonrisa me hace a mí más joven y apuestoEnfadada, la princesa miró al espejo, cogió una piedra y a lanzó contra él. El espejo se rompió en millones de pequeños cristalitos que se llevó el viento. Cada uno de esos cristalitos se clavó en el corazón de cada una de las personas que se habían reflejado en él y, por supuesto, el más grande se clavó en el corazón de la princesa.Triste se marchó de nuevo al palacio; su padre al verla tan triste, se preocupó. La preguntó y la joven le contó lo que había pasado. El rey, enfadado mandó a buscar al anciano o joven o lo que fuera que había robado la alegría de su hija. Todo el ejército fue incapaz de encontrarle y, cuando desesperado, él mismo salió a buscarle, la desolación se apoderó de toda su persona. Todo el reino había entristecido, lo que antes eran carcajadas de niños, eran ahora llantos; las animadas tertulias de los ancianos entorno a la fuente, eran ahora discusiones sobre quien era más guapo, más joven y o más rico.Todos en el reino eran ahora, jóvenes, ricos, altos, guapos; pero sobre todo, todos estaban tristes.El rey mandó llamar a todos los sabios de las regiones cercanas, pero ninguno supo darle cura al mal causado por el espejo. Justo cuando el rey pensaba en perder toda la esperanza, llegó un campesino con pinta de buena persona y dijo- Majestad, yo puedo ayudaros- ¿Tú?, y ¿Quién diablos eres tú?- Yo soy Fabián, el último de una familia de cazadores muy especiales, cuya técnica secreta ha ido pasando de generación en generación desde el principio de los tiempos.- ¿Un cazador?, ¿Y para qué quiero yo un cazador?- Mi señor, el mal que tiene tu pueblo no se cura con hechizos, ni medicinas, ni magia...- ¿Con qué se cura? – preguntó el rey. – No creo que cazando un ciervo o liebres, o un jabalí, mi pueblo vuelva a ser como era- ¿Quién ha hablado de ciervos o jabalíes?, como ya le he dicho, vengo de una estirpe de cazadores muy especiales; los cazadores de sonrisas- ¿Los cazadores de qué? – preguntón extrañado el rey.- Los cazadores de sonrisas; por mucho que os extrañe, majestad, desde el principio de los tiempos ha existido gente deseosa de robar la sonrisa de los demás; unas veces lo consiguen a cambio de un gran sufrimiento, otras, a cambio de la belleza exterior; y otras por cosas tan insignificantes como el dinero, la altura o, en resumen, lo que los demás puedan pensar.- Hombre, reflexionó el rey, el estoy de acuerdo que la altura o la belleza..., pero el dinero, el dinero si es importante para salir adelante- ¿De veras?, decidme, ¿tanto necesitaba vuestra hija ser aún más rica o aún más bella, que lo cambió por su felicidad?; ¿Y vuestro pueblo, era tan feo, o tan bajo que no podía ser feliz así?- Ese miserable se aprovechó hasta de los niños hambrientos – recriminó el monarca- No, majestad, ese muchacho, que antes era feliz, lo era, porque valoraba lo poco que tenía, igual que su hija valoraba lo mucho que tenía. Si no os lo creéis, preguntadle si se ha comido todo lo que había en las cesta o, cuánto de eso ha compartido con los vecinos que antes le daban de comer.El rey miró a su alrededor desolado, empezó a llorar como un niño y pensó que su feliz reino se había arruinado por causa de la avaricia. Miró a Fabián y le preguntó- Fabián ¿Crees que podrás recuperar la sonrisa de mi pueblo?, ¿Cómo puedo ayudarte?- Ya lo estáis haciendo, mi señor; habéis llorado como un niño ante un problema de adultos, pues la avaricia no cabe en la mente de los niños, pero sí el arrepentimiento y la tristeza.- Mandaré armar a la caballería y que se prepare toda la infantería; pondré a tu disposición todo mi ejército y mi dinero. – dijo el rey, recuperando la esperanza- No lo estropees, majestad; ¿De verdad piensas que con todo tu ejército podrás cazar sonrisas?. A esta misión sólo me acompañará una persona- ¿Quién? – preguntó curioso el rey- Vos – Respondió escueto el joven- ¿Yo?, ¿Y para qué voy a servirte yo?- Vos, alteza, ha logrado mantener a su pueblo feliz durante muchos años y, si lo ha logrado una ves, ¿por qué no lograrlo de nuevo?- Está bien, Fabián, aré lo que me pidasEl joven y el rey se fueron al interior del palacio, allí, Fabián, le pidió que dejara sus ricas ropas y se pusiera otras de llamativos colores. Dejaron en las cuadras los caballos y se marcharon a la caza de sonrisas- ¿En qué parte del bosque crecen las sonrisas? – preguntó el rey.Fabián rió a carcajadas- Exactamente aquí, ¿no las veis?, la tengo en mi cara- Es cierto, es cierto – se asombró el rey - ¿Y qué hago?- Seguir comportadoos como un niño ingenuoAl rey no pareció hacerle mucha gracia el comentario de Fabián, pero tenía claro que la caza de sonrisas había comenzado y él, ya llevaba una.Al tiempo, llegaron a un pueblo; un muchacho se les acercó y preguntó- ¿Quiénes sois? ¿Tenéis algo para que pueda comer?- Si, dijo Fabián y le dio una manzana.- ¿Y usted, no me da nada? – dijo el chico mirando al rey- ¿Yo? Esto..., la verdad es que..., pues no sé...- ¿Quieres más? – interrumpió Fabián- Claro - dijo convencido el chico- Pues ves a aquella chica de allí, la das un beso y la dices que hoy está guapísima- ¿A esa?, pero si es la mujer más fea del pueblo – rió el chico- ¿De verdad crees que es fea? – preguntó Fabián- Si- ¿Es fea comparada con quién? ¿Y que es la fealdad? – Volvió a preguntar Fabián- Comparada con la hija del panadero, esa si que es guapa- Vale, tú dila lo que te he dichoEl chico se acercó y la dijo lo que le habían mandado. La mujer se les acercó y les dio las gracias- Hoy ya me han alegrado el día; de verdad no saben lo que es tener esa cara- ¿Qué cara? - preguntó el rey – Yo la veo de lo más normal, las he visto mucho peores y son tan felices- ¿Si? – dijo el chico- Si, son felices con lo que tienen, porque los demás van a ver en ti lo que tú quieres que vean – Dijo Fabián- Pues tenéis razón; ¿Cómo puedo ayudaros?- Ve a la hija del panadero y pregúntala si ha perdido peso – Dijo Fabián- ¿La hija del panadero?, pero sin está gorda como un tonel – Dijo la chica- ¿Gorda?, ¿a los ojos de quién?, yo la veo mejor que nunca – Dijo el muchacho- ¡Muy bien pequeño!, veo que aprendes rápido; creo que puedes llegar a ser un buen cazador de sonrisas – Se alegró Fabián- ¿De veras? – dijo el chico- Yo también lo creo – dijo el reyEl chico se alejó muy contento y la mujer hizo lo que la pidieron. Repitieron el mecanismo con todos los habitantes del pueblo; los gordos, los flacos; los altos y los bajos; los ricos y los pobres; y, al finalizar el día, habían logrado hacer felices a un montón de gente. Habían logrado cazar un montón de sonrisasAl regresar al pueblo, el rey se subió al balcón más alto y convocó a todos los ciudadanos; contó todo lo que había pasado y, uno a uno todos los habitantes del pueblo fueron sonriendo, escuchando las mismas cosas que les habrían podido decir a cada uno de ellos un par de días atrás.Cada vez que un ciudadano sonreía, caía a sus pies un fragmento del espejo roto, y Fabián los iba uniendo.Cuando todos habían vuelto a sonreír, y con ello a su aspecto anterior , el rey satisfecho, bajó del balcón, buscó a Fabián- Bueno, pues ya está – dijo el rey- Creo que no – Contestó Fabián señalando al espejo. Faltaba el trozo más grande, es del corazón de la princesa- ¿Y ahora, qué hacemos?, soy un estúpido, he ayudado a todo el mundo y no he conseguido salvar a lo que más quiero- No os preocupéis. Vuestra hija no se curará con una simple sonrisa, hay que devolverla la felicidad, y esa está en lo más oscuro del bosque, el la cabaña del anciano que robó las sonrisasSin pensarlo, se pusieron en camino, llevando el espejo con ellos. Al llegar a lo más oscuro del bosque vieron la cabaña y al anciano, que volvía a envejecer; se acercaron y pusieron frente a él espejo. El anciano les saludó y, al reconocer el espejo les preguntó- ¿Qué queréis?, el espejo nunca se podrá reparar y tu hija, rey, nunca se curará- ¿Eso crees? – dijo Fabián – te recuerdo que el espejo estaba roto y hemos conseguido volver a montarlo, solo falta una pieza- Si, la más grande y preciada – rió el anciano- ¿Y por qué crees que no la conseguiremos? – dijo el rey- Porque la tristeza de tu hija es tan grande que ningún chiste o historia la devolverá la alegría- Eso es lo que tú te crees, te reto a mirarte en el espejo – Dijo FabiánEl anciano, seguro de sí mismo, aceptó, se miró en el espejo y se sorprendió al ver en él a la princesa sonriendo y feliz- No puede ser, yo la ví, estaba triste, yo tenía su alegría – dijo el anciano, más arrugado y encorvado que nunca- Si – dijo Fabián – pero tú eres la pena y la melancolía, la tristeza, el pesimismo; y hasta tú sabes que, sólo con esperanza, con alegría, ilusión y optimismo puedes salir de tu triste estado; por eso ves lo que quieres ver, pero cómo en tí eso no es posible, porque te has dejado llevar por la pena, ves a la persona que sí puede salir de ellaSin darse cuenta, el anciano había mordido su propio anzuelo había visto lo que quería, aunque no podía tenerlo.De repente, es espejo se completó y el anciano se fue quedando cada vez más quieto hasta que se convirtió en una fría roca- Ese es precio que tú pagarás por mirarte en el espejo, serás triste y frío toda la eternidad .- Tengo una idea - dijo el rey. Mandó coger la piedra y llevarla al centro del reino para que nadie olvidara nunca que la felicidad depende de uno mismo y no de lo que los demás puedan pensar de nosotros. Además, sólo la alegría y el optimismo pueden vencer a la tristeza.Pasaron los tiempos, el rey y Fabián se hicieron muy buenos amigos. A la muerte del monarca, Fabián subió al trono, casándose con la princesa. Vivió muchos años y cuando murió le enterraron junto a la roca, con una inscripción que decía:“AQUÍ YACE UN CAZADOR DE SONRISAS, SÓLO ÉL IMPEDIRÁ QUE NUNCA MÁS REGRESE LA PENA”
