domingo, 14 de junio de 2009

PERSIGUE TUS SUEÑOS


Había un gusano que vivía en la tierra, y que como todos los gusanos de tierra, siempre iba con su cabecita gacha, fija en el suelo, buscando su alimento entre las hojas y briznas de hierba. Pero un día, sin razón ninguna, este gusano alzó la vista, miró al frente, levantó después la cabeza todo cuanto pudo y, arriba del todo, más allá de los altos tallos y las hojas, vio una rosa roja, cuajada de gotas de rocío, brillaba como en un sueño, poseía una hermosura sin igual que enamoró al gusano al instante, nunca había visto nada ni siquiera parecido.
Se propuso entonces subir hasta ella y besarla. Por las noches soñaba con que trepaba decidido por el tallo, por las hojas, las espinas, que llegaba hasta tocar sus pétalos y que la besaba tiernamente.
Al día siguiente, por la mañana temprano, antes siquiera de buscar el desayuno, se fue directo a la base del tallo y comenzó a remontarlo. Todo el día se dedicó con esfuerzo a este empeño, pero debido a su cuerpo blandito y resbaloso, apenas si alcanzó a subir cinco a seis centímetros. No le importó y, detenido a esta altura, pensó en agarrarse al tallo con todas sus fuerzas, pasar allí la noche y seguir ascendiendo a la mañana siguiente. Pero el sueño acabó distendiendo las fuerzas con que se agarraba y calló a tierra perdiendo todo su progreso.
No se dio por vencido y empezó de nuevo la escalada de su sueño; vio entonces que el tallo, un poco más arriba de donde se quedó el día anterior, le crecía la primera hoja y sobre ella podría descansar por la noche sin peligro de caer. Y así lo hizo con un esfuerzo inusitado logro subir a la hoja cuando ya era noche cerrada. Muy fatigado se echo adormir bien sujeto entre el tallo y la hoja, pero la humedad del rocío de la madrugada lubricó su cuerpo resbaladizo, que cayó otra vez al suelo, empujado por una débil racha de viento.
Esa mañana los otros insectos y animalillos del jardín se rieron de él y de sus sueños inalcanzables. Pero él seguía intentándolo una y otra vez, y una y otra vez, volvía a besar el suelo.
Entonces una mañana despertó de un sueño más largo que de costumbre, miró extrañado su cuerpo escurridizo y vio que ahora tenía alas, se había transformado en una linda mariposa que levantó fácilmente el vuelo llevado por una sola intención: Ir volando hasta la rosa, acariciar sus pétalos con las alas, y besarla cumpliendo su sueño.